Buenos Aires, 1980.
Decidí que quería ser escritor luego de leer "Cien Años de Soledad". Tenía 16 años y una gran fantasía lograda, como los personajes de la novela, por mucho tiempo de soledad. En mi caso, este sentimiento no era un problema sino todo lo contrario, aprovechaba mis momentos imaginando historias que luego escribiría.
Hoy, cuando ya han pasado varios años de aquellos descubrimientos, la escritura no ha dejado de acompañarme y sorprenderme: me ha enseñado, entre otras cosas, que la palabra escrita, en cualquiera de sus géneros, tiene un poder transformador en la sociedad.
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